jueves, diciembre 08, 2005

Carta al pequeño saltamontes (Los angeles también son regios)

Nunca voy a olvidar el día que te puse el apodo de pequeño saltamontes cuando Luis me dijo que tenía aprendiz. Tampoco aquella vez que te conocí físicamente y recordé que ya te conocía por foto -aquella vez que andaba de fisgón con JC en la intranet, viendo las fotos de los nuevos elementos- y por supuesto que tampoco olvidaré aquel huracán Emily cuando pegó mas duro tu dolor de muela. Y es que verte al fondo de la oficina con las luces apagadas me recordó a mi mismo cuando vivía solo en Mérida y uno de mis nuevos amigos me dio todo su apoyo para arreglarme la muela también.
Después de eso, lo que hice fue pedirle tu número de celular a Luis, para mandarte un mensaje de aliento porque sabía que andabas mal pues no fuiste a trabajar un par de días. Luego estuvo el incidente del mensaje (el de la frase "pequeño saltamontes" que fue mal interpretado por tu ya sabes quién y que causó que te llamara para reclamar) y por el contrario, ese incidente cimentó nuestra amistad. Empezamos diciendo las cosas como son y sin andar con chismes, creo que así deberían ser todos aunque en este trabajo es casi una utopía.
Poco a poco me fui encariñando contigo como lo hago con pocos, y es que cuidaba de ti como a un hermano, te apoyaba en tu histeria laboral, también te entendía pues estando a cientos de kilómetros de tu familia, en un medio extraño y en un trabajo estresante no es cualquier cosa, pero ahí estuve pese a que a veces puedes sacar de quicio a la gente, no importa, los amigos estamos ahí en las buenas, y en las malas estamos ahí aunque no quieras.
Recuerdo que luego de un par de meses de conocerte, quería platicar contigo cosas personales, pero me detenía el miedo al rechazo (creo que eso ya es instintivo cuando se es homosexual), pese a todo sabía que siendo un verdadero amigo no me rechazarías, aún cuando eres un cabrón machista y todavía de moral un tanto anticuada.
Sabes que siempre te he dicho lo que pienso, y creo que por lo mismo tenemos esta excelente amistad, así como tu me dices que a veces puedo ser bien mamón, o alguna de mis otras verdades, también me dices la estima tan grande que me tienes a pesar de nuestras grandes diferencias.
He pasado muchas cosas contigo aquí en Cancún, y mi gran temor antes era que un día de estos te ibas de aquí. Ahora eso no me da miedo, porque sé que aquí has madurado bastante y que cuando tu tiempo aquí llegue a su fin será porque estarás listo para seguir tu vuelo en otro lado, y con las alas bien extendidas.
Sé que te voy a extrañar mucho, pues he conocido poca gente como tú, que dice las cosas como van, que ofrecen una verdadera amistad, un abrazo sincero y una sonrisa aliciente. Tal vez no tengas idea de que aquellos sinceros abrazos, ayudaron en momentos muy difíciles para mí. Que si alguno de esos abrazos no hubiera llegado, tal vez mi tristeza sería continua.
Creo que ya en este punto ya no eres el pequeño saltamontes, pues has aprendido mucho aunque nunca dejamos de aprender. Yo aprendí que todavía hay gente buena allá afuera, que algunos ángeles quedan, y que los ángeles a veces vienen de Monterrey.
Cuando te vayas, no te olvides de este pequeño melancólico amigo tuyo que estará aquí para cuando lo necesites, sin importar horarios ni fechas, solo tienes que marcar mi número, y aunque no pueda estar ahí físicamente, siempre te llevaré en mi corazón, mi gran amigo, el pequeño saltamontes.

Te quiero un chingo Carlitos.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::……………………………………………..

No hay comentarios.: