jueves, enero 25, 2007

Lo que vale la pena

Después de todo lo que está pasando estos días en el mundo, uno se encuentra aparte con sus propios problemas, demonios propios de nuestro infierno personal. Algún día he de escribir mi propia biografía, pero basta con decir que yo -como la mayoría de los mexicanos- nací en un hogar humilde, y sin haber sido planeado. Crecí jugando a estar en un lugar alejado de la modernidad, donde para mí la capital del estado se encontraba a muchos cientos de kilometros, y lo mas maravilloso era ir al mar. Era pasear por los mares desde una mesa de madera volteada al revés, construir casas de piedra y lodo, jugar a no exisitir.
Después fue un cambio de domicilio, a otra ciudad, otro estado, otra escuela y mucha gente desconocida. Fue crecer y hacerse casi adulto en un dos por tres... fue descubrir mi sexualidad poco a poco, tímidamente, temiendo ser lo que no quería ser. Después, otro cambio de domicilio, otra ciudad y mucha gente desconocida de nuevo y fue explotar esa sexualidad, hacerla mía al máximo. Fue descubrirme de verdad poco a poco, fue llorar, fue reir, fue viajar... Y renacer en cierta forma. Para Dios primero, para mí al final.
Después el regreso al hogar para entrar de lleno al mundo adulto, al trabajo, al horario de oficina, el pago de la renta, el auto, las tarjetas de crédito, los gastos de casa, despensa, agua, teléfono, celular... y todo lo demás. Fue descubrir el alcohol, descubrir a los amigos y a los "amigos", fue salir de closet llorando.
Me enamoré por primera vez de quién no debía: Un hombre casado con un par de hijos. Me bajó la luna y las estrellas, y me envolvió en una burbuja de jabón que estalló por supuesto, cuando el aire adentro se acabó. Luego, como estúpido, estuve muy deprimido apoyado en los que entonces fueron aquí mis mejores amigos, que luego se fueron y al quedarme solo estallé... mi cuerpo me dio una bofetada y me pidió un descanso obligatorio de un par de meses... y entonces viajé... vi otras playas, otros mares, otras ciudades y algunos nuevos amigos. Volé, de ida y vuelta hasta aquel momento en que mi hermanita me dijo que me extrañaba y que regresara... y eso que yo había pensado en no regresar.
Luego fue levantarme poco a poco, descubrir que el mundo seguía ahí, que no se había acabado, que a veces solo necesitaba gritar un poco, vaciar los pulmones y luego llenarlos de nuevo. Se me iba la vida a momentos pero me sostenía de algo... o de alguien que no sé si existe. Luego un par de amores que no fueron mucho pero de los que aprendí un poco. Me di cuenta que no me gusta depender de alguien ni que alguien dependa de mi demasiado. Me gusta mi libertad, que no libertinaje.
Pero los demonios no se van, están ahí.
Está mi hermano drogadicto que no me deja en paz, está mi padre machista vulgar y mal hablado... y hay muchas cosas más. Tal vez incluso esté yo mismo torturándome.
Y como te escribía al principio, están los problemas de todos: el gobierno, la inseguridad, el narco, las tortillas, los políticos, la corrupción, la pobreza, la carestía, el SIDA, Bush...

Pero hoy, estando cuidando a mi sobrina por un rato, me di cuenta que hay cosas que valen la pena todavía. Su sonrisa inocente y espontánea me hizo sonreír y olvidarme de todo aquello, y me hizo pensar que hay cosas por las que todavía vale la pena ser y estar. Aún cuando probablemente no llegue a ser padré biológico.

Aún así siempre me quedará esa sonrisa, la esperanza de que algún día pasará algo muy bueno. O simplemente el sentimiento de que vale la pena estar aquí... aunque me faltas tú, si es que estas ahí.


Yop.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::..............................................................

No hay comentarios.: